jose camejo suarez

miércoles, febrero 25, 2015

EL ARTE DEL SOÑADOR

URUPAGUAS  DE UN DIÁLOGO


RÈGULO JOSÈ SANTOS
Trujillo
A
sí fue como comentaron los paisanos del tablón donde la nana se despidió tal vez no vuelva a hospedarse cercenando sus pupilas, esta vez marchó con la espátula azul a explorar la huella sanguinaria que aviva el rostro oscuro, mira fijamente donde se ubica su refugio, pues ahora que anda ausente  se entenebrece sin cesar.
Cóndor blanco cual dibuja su vuelo entre la cima de Sagitario, retozan los linderos en rodeo ahí se columbra la visión holgada.
TARANTINES ELEGÍACOS
Amonestan al tarantín de mal agüero que en ocasiones indica hacia atrás o adelante y atiborra la palmera de una copa, sonríe sobre la cacerola que acuña el área verde.
¡TODO IRRADIA  A FESTIVIDAD!
Fuerza expresiva al campeón de elegías campestres, en su faz henos acá extraviado en la zona indiana errante sopesa el centinela del orfeón cual admite un fraile juvenil, punta legendaria de referencia hasta la gacela taciturna que contacta con el Urupagua cuyo origen causa y estima efecto normal activando los vaivenes contentivos de espumas.


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Laconismos de un diálogo

RÈGULO JOSÈ SANTOS

¡Ah! Germen desértico que procedes a extraer lo inaudito con el temple peculiar y la calidad de un rocío distintivo a adagio paterno.

¡Qué experiencia extrema gravita el laconismo!

Soslaya con destreza la huella expresiva que inunda el acoso leve a lo esencial, raigal duda cuan pesa sobre la conciencia dilemática, solloza la inspiración fluida en el testimonio portentoso.

¿Quién ofusca la señal difuminante?

Suscitó en la querencia adherida al impulso teñido de crispación, referir con acento elegíaco opalino y contundente a la intersección del secreto con el encuentro emocional.
Cuida que la densidad verbal no prorrumpa lo abstracto en tiempos y espacios visuales, entrever una conversación genuina entre la condensa espiritual y el reflejo del paisaje pétreo.

¡Cuánta simpleza columpia la absorción!

Compele la victoria del foráneo con avenencia en su resorción atusada al anverso impasible, enhiesto a censurar la granuja que arguye lo insípido.
Que proemio para el protervo del preponderante, extemporáneo con la convicción a intemperie.
¿Quiénes ripostan por lo demagógico del zoquete?
Ningún señalamiento acicalará la jauría intrínseca.



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