jose camejo suarez

sábado, junio 25, 2011

La inseguridad en LUZ y el individualismo

Roberto López Sánchez*
  
N
uevamente hace crisis el problema de la inseguridad en la Universidad del Zulia. Parece el cuento de nunca acabar. Desde hace unos 15 años se vienen sucediendo estas crisis recurrentes, que surgen a partir de un acto delictivo de significación, asesinatos de estudiantes o robos de envergadura, luego vienen las respectivas denuncias por los medios y ante las autoridades universitarias, en algunos casos incluso ante la fiscalía y otras instituciones públicas, pasando por las promesas de nuevas políticas de seguridad, hasta que el tema decae en los medios, y finalmente el balance de que nada se ha hecho, que las mafias siguen intactas, que cada vez controlan nuevos sectores de la universidad, y que se burlan descaradamente y amenazan a quienes intentan denunciarlos.
 La triste realidad, que quien argumente no conocerla es un irresponsable que no merece el cargo de docente universitario, se resume en:
1) Dentro de LUZ perviven una serie de mafias criminales, integradas casi en su totalidad por estudiantes o por quienes fueron estudiantes en un pasado cercano.
2) Estas mafias actúan diariamente en asaltos individuales y colectivos contra el estudiantado (empleados, obreros y profesores también), incluso dentro de los mismos salones de clase, laboratorios y oficinas. Los robos preferidos son los celulares tipo blackberry, las laptops y los video bean.
3) Los mafiosos controlan también el tráfico de drogas interno (venta al detal entre los estudiantes); tienen vínculos con mafias del robo de vehículos y usan la universidad para “enfriar” los carros robados; cobran vacuna a todos los pequeños negocios dentro de LUZ (cafetines, etc) y a las contratistas que realizan cualquier tipo de trabajo dentro de la institución.
4) Son además dirigentes estudiantiles. Tienen representantes en la FCU, en casi todos los centros de estudiantes, y delegados ante los órganos de cogobierno universitario.
5) Poseen un armamento de respeto, con un alto poder de fuego. Unas cincuenta armas por lo menos, entre cortas y largas, ingresan a la universidad cada vez que se celebran elecciones estudiantiles.
6) Están protegidos tácitamente por todas las autoridades rectorales y decanales de la universidad. Cuando han existido denuncias y pruebas contra estos mafiosos, las autoridades nunca se han atrevido a expulsarlos. Incluso dejaron de considerar el video realizado en 2007 cuando asesinaron a la estudiante de comunicación social, video en el cual aparecen (claramente identificados, con armas en la mano e incluso algunos disparando) muchos de los cabecillas actuales de estas mafias. Según informan quienes han estado cerca de las campañas electorales internas, estos grupos mafiosos exigen como contraparte de sus “apoyos electorales” el pago en efectivo de centenares de miles de bolívares y el ingreso como personal administrativo u obrero de algunos de sus integrantes (esto último es totalmente comprobable, pues por lo menos un integrante de estas mafias, todavía dirigente estudiantil, acaba de ingresar como empleado administrativo).
7) Se rumora que están protegidos por integrantes de cuerpos policiales y de la fiscalía, lo que explicaría que la justicia nunca hace nada contra ellos, a pesar de que son más de diez años de denuncias reiteradas contra los mismos personajes.
 8) Tienen en su haber (que nosotros sepamos) seis asesinatos: un estudiante en el año 2000 dentro del cafetín de Humanidades; otro estudiante de educación física (cuyo nombre de pila era Abelardo) enfrente de Ingeniería en el 2002; la estudiante Flavia Araujo y Homero Romero (presunto infiltrado) en el 2007; el propio presidente de la FCU Julio Soto en el 2008; y uno de ellos mismos, Luis González, asesinado en humanidades en 2010.
 Pese a esta realidad tan contundente, el profesorado de LUZ asume la conducta del avestruz, prefiere desconocer la gravedad de estos hechos, y mantiene su respaldo político a unas autoridades (cuerpo rectoral y decanos) que han permitido el crecimiento y fortalecimiento de estas peligrosas mafias criminales dentro de nuestra alma máter. Nos encontramos con la paradoja de que la institución que debería enarbolar los principios de ciudadanía y convivencia fundamentales de la sociedad, termina convertida en un vulgar antro delictivo fuera de control. La universidad, paradigma de la creación de conocimiento científico, protectora de los valores de nuestra nacionalidad y nuestra cultura, permite que en su seno proliferen conductas absolutamente reñidas con los valores más elementales de la convivencia ciudadana.
La explicación de esto hay que buscarla en el predominio del individualismo como filosofía de vida que impregna toda la acción social de la clase media universitaria. Hoy en día el profesor universitario tiene como principales motivaciones:
 •El estatus, la apariencia y el uso de símbolos que expresan cierta capacidad adquisitiva y ubicación en la escala social. Celulares, vehículos, viviendas, vestidos, calzados, prendas. El afán consumista determina la conducta del docente universitario.
 •El desarrollo de un currículum personal, en el marco de la carrera credencialista que impera en el mundo globalizado. Mientras más diplomas se obtienen, más reconocimiento se cree tener. No importa para nada si los conocimientos, las publicaciones, los proyectos de investigación y/o de extensión tengan alguna pertinencia social, respondan a necesidades de las comunidades populares y del país en general. Lo que importa es el diploma, la credencial por sí misma.
 •La pérdida absoluta del sentido de pertenencia a un colectivo social. La universidad no es percibida como una comunidad de intereses, sino como un mecanismo simple que nos aporta los instrumentos necesarios para el estatus y el reconocimiento social. Por tanto el compromiso con los valores de la institución, con su función dentro de la sociedad, es muy débil o prácticamente inexistente.
 •Por ello no se eligen como autoridades a los académicos más destacados, sino a los políticos profesionales que logran captar más votos, más compromisos subalternos y más lealtades politiqueras. La conducción de la universidad se convierte en una especie de carrera politiquera por etapas: primero se gana el decanato, la caja de ahorros, o el IPP; de segundo se aspira a la secretaría de LUZ; luego se ocupa alguno de los vicerrectorados y finalmente se disputa el cargo rectoral. Son casi 20 años sin cumplir ninguna responsabilidad académica propiamente dicha: no dan clases; no hacen investigación; no hacen extensión; no publican artículos ni obras científicas; no presentan ponencias, conferencias ni nada que se parezca. Pura actividad burocrática. Con una dirigencia así no es de extrañar lo que está sucediendo.
 •Concibe a los problemas de la universidad como algo que deben resolver las autoridades (“para eso las elegimos”). No obstante ver que las autoridades se hacen la vista gorda con este problema de la inseguridad interna, la reacción de protesta no se produce, y por lo contrario, en cada nueva elección se mantienen las mismas lealtades políticas y se renueva a los mismos dirigentes que nos han conducido a este caos.
 •En el caso de quienes ejercen cargos de autoridad (rectores y decanos principalmente), los conceptos anteriores terminan convirtiéndolos en cómplices de las mafias criminales. Tal vez dominados por el miedo, pero que nunca podrá argumentarse como excusa, pues en ese caso simplemente con poner los cargos a la orden se permitiría que la comunidad designara a quienes estuvieran dispuestos y decididos a enfrentar tan grave problema.
 El resultado es que la “casa que vence las sombras” está plagada de delincuentes por todos lados. En la FCU, en los Centros de Estudiantes, en los Consejos de Facultad, y tal vez hasta en el propio Consejo Universitario. Junto a ellos, unas autoridades complacientes con el crimen, y probablemente financistas de los mismos. La Universidad del Zulia ha colapsado moralmente, ha vendido sus principios académicos, y naufraga en el pantano de la mediocridad y de la permisividad con los delitos y los delincuentes.
Lo menos que debería hacer todo el cuerpo rectoral y los 11 decanos de Maracaibo es reconocer su manifiesta incapacidad para resolver el problema de la inseguridad en LUZ, colocar sus cargos a la orden, y que las autoridades del ministerio de educación universitaria designaran autoridades provisionales mientras se puedan realizar elecciones ajustadas a la LOE.
Pero lamentablemente eso no sucederá. La universidad se ha convertido en una especie de botín político, que maneja un presupuesto cuyas dimensiones son superiores a las de casi todos los estados de Venezuela, y la burocracia que tan irresponsablemente la dirige actualmente no va a “soltar el coroto” por las buenas.
Habrá que esperar un agravamiento de la situación, que realmente ya de por sí es suficientemente grave, para que una toma de conciencia colectiva construya los actores internos dispuestos a transformar radicalmente la universidad, actores que actualmente brillan por su ausencia. Mientras tanto, que alguien se apiade de nosotros, los verdaderos universitarios.
Post data: En 2003 denuncié por escrito, ante la Fiscalía en Caracas, el entonces Ministro de Educación Superior, la Fiscal Superior del Estado Zulia, el Consejo Universitario de LUZ y el Consejo de la Facultad Experimental de Ciencias, a varios de los jefes de estas mafias, con nombres y apellidos, pero ninguna de estas instituciones tomó medida alguna ni siquiera de averiguación de la denuncia realizada. Personalmente no tengo razones para pensar que la conducta de estas autoridades vaya a modificarse, más allá de la verborrea barata que seguirá engañando a los incautos.

Maracaibo, 24 de junio de 2011.

* Profesor de LUZ. Historiador.

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